Togo, «la Costa de los Esclavos», llama a la Noviolencia Activa.

Una violencia brutal sacude la practica totalidad del continente africano. Conflictos armados, guerras interétnicas, hambrunas y cambio climático, milicias, paramilitares, guerras por sus recursos minerales, alimentadas por corporaciones multinacionales en conexión con Jefes de Estado o gobiernos dictatoriales corruptos, saquean el continente. Y asesinan, torturan, encarcelan, violan, expulsan a poblaciones enteras. La violación de los derechos humanos básicos parece no tener límites.

Aún con este panorama sombrío, en la última década, se están desarrollando grandes protestas y movilizaciones pacíficas multitudinarias, reclamando derechos y exigiendo cambios políticos. La sociedad civil se organiza, toma las calles y levanta la voz contra sus gobiernos, en una lucha prodemocracia, no siempre avalada por los países más desarrollados.

Son muchos los aspectos a considerar en estas movilizaciones. Uno de ellos es la exigencia frecuente de limitar el tiempo que pueda estar un gobernante en el poder y asegurar el cambio democrático. Otro, que son movilizaciones multitudinarias, intergeneracionales, y que se expresan como resistencias civiles, pacíficas o noviolentas. Y en ellas tienen gran importancia Internet, los medios de comunicación y redes sociales, tanto en el interior del país como con la diáspora, para internacionalizar las situaciones. Por eso, una de las primeras acciones de represión de dictadores y militares es cortar internet y las comunicaciones telefónicas.

En este marco se desarrollaron las movilizaciones de Togo en los años 2017-2018.Togo, excolonia alemana y francesa, es un país de unos 8 millones de habitantes, que accedió a la independencia en 1963. Desde entonces ha estado gobernado ininterrumpidamente por militares, por una saga familiar de presidentes golpistas.

En 2017 una gran movilización popular, reclamando la Constitución de 1992 y la limitación del poder a dos legislaturas, consiguió obligar al dictador a poner en marcha algunos procesos de participación política ya reconocidos por esa constitución, pero nunca aplicados. Fue una movilización no exenta de represión violenta, pero en la que los distintos actores de la oposición, tanto entidades de la sociedad civil como partidos políticos, optaron claramente por la resistencia civil y la noviolencia activa.

Así, la Rest-Cor, coordinación de las distintas instituciones religiosas, educativas y políticas, pidió públicamente un “proceso de transformación noviolento” para la gestión de la crisis y para contrarrestar el discurso de odio entre partidos y grupos étnicos. Ante la ciudad de Sokod, que estaba sitiada por el ejército, planteó “que no podemos permanecer en silencio ante la situación que se vive aquí en Togo”, y llamó a la oposición y a la juventud togolesa a la “no-violencia-activa…para un cambio positivo, de manera pacífica”. “No permitamos que nos manipulen hacia la violencia, porque cuando termine la violencia todos seremos víctimas y perdedores”

Paralelamente, en esa misma línea, se desarrolló un programa educativo, “Voces contra la violencia”, con cientos de maestros y miles de alumnos de secundaria, para ayudar a asimilar a los jóvenes los valores de la noviolencia, y en especial, para entender y denunciar la violencia contra las mujeres, y sus causas.

A todo ello contribuye significativamente Farida Nabourema, defensora de los derechos humanos e impulsora del movimiento “Faure Must Go” contra el dictador Fauré Gnassingbé, que llama a la resistencia civil noviolenta para la democracia y habla desde la experiencia: «La no violencia no es una elección moral ni filosófica, sino estratégica. Mi objetivo es empoderar a la gente para derrocar a un líder. Si armas a la gente, ¿cómo gestionas el día después? Aún sigo recibiendo invitaciones de ciudadanos para montar algo violento con el argumento de que, sin pistolas, nunca derrocaremos a un régimen brutal, pero la gente confunde no violencia con tolerancia a la violencia o con debilidad. Y lo que trato de hacerles entender es que el Estado tiene todos los medios militares y diplomáticos, y de ninguna manera vamos a tenerlos nosotros para montar un Ejército equiparable al de un Estado con 50 años de dictadura militar».

El dictador consiguió ganar las elecciones de febrero 2020. La represión no ha cesado, como muestra Amnistía Internacional, que denuncia la detención arbitraria de dos periodistas en diciembre por criticar a dos ministros del gobierno dictatorial. Pero un nuevo modo de luchar por los derechos humanos y la mejora de las condiciones de vida va tomando peso en amplias mayorías.

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Nota: Foto de entrada tomada del Blog de Farida Bemba Nabourema de 21 Août 2017.