¿Puede ofrecer el Transarme una brújula de acción para el cambio?

Juan Carlos Rois

Propuesta de sustitución del modelo de Defensa Militar por un modelo de Defensa Popular Noviolenta.


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Hay que agradecer a Pepe Ambrona, y en este mismo medio, el artículo reciente en el que profundiza sobre algunos aspectos del transarme (https://alternativasnoviolentas.org/2023/03/16/reflexiones-sobre-integrar-la-defensa-noviolenta-en-el-ministerio-de-defensa/) y sobre la pretensión de ahondar en la institucionalización de mecanismos de defensa noviolenta. 

Como siempre, la claridad y orden de su reflexión ofrece una ruta de trabajo de la que deberíamos empoderarnos los movimientos, grupos, grupúsculos, personas y múltiples articulaciones de lucha empeñados en construir una alternativa a nuestro vigente sistema capitalista, el cual está presidido por un paradigma que reproduce nuestra realidad de desigualdad y amenaza para la vida desde el papel rector de la violencia (al que denominamos paradigma violencia/dominación) y que se expresa en la ubicua y cotidiana violencia directa en la que convivimos, se cristaliza como violencia estructural y estructuras de violencia que organizan nuestro mundo social, se construye y justifica como violencia cultural con la que aprendemos y asumimos sus prácticas y lógicas y, por el juego de coordinación, recombinaciones e interrelaciones de estas tres distintas violencias, adquiere una capacidad sinérgica, a la que denominaremos violencia sinérgica, que dota a todo el conjunto del funcionamiento como sistema complejo, constitutivo y rector de la violencia-dominación; un sistema fruto de una singular evolución cultural que aspiramos a desinventar y sustituir por otro alternativo y basado en las ideas rectoras de cooperación/noviolencia.

Quisiera a su vez contribuir a la reflexión sobre el transarme añadiendo algunas características más, porque, en mi criterio, podría ser una potente brújula estratégica de coordinación de agendas y de reivindicación para las luchas globales del presente y del futuro cercano.

Índice:
1.- idas y venidas del transarme y la defensa social.
2.- Precisiones de la idea de transarme alternativa.
3.- Seis ejes para desencadenar luchas por el transarme.
4.- Potencialidades del transarme para construir una brújula de acción de cambio.
5.- Protagonismo del movimiento antimilitarista y de las diversas articulaciones de lucha
noviolenta.

  1. Idas y venidas del transarme y de la defensa civil.

Empecemos por recordar que la idea de transarme, históricamente asociada a la pretensión de una defensa de base civil, cuenta con una dilatada evolución desde que apareció, primero en un panfleto cuáquero de los años treinta y, luego, tras la segunda guerra mundial, en el debate del pacifismo académico y militante en torno a la aspiración de establecer una alternativa noviolenta, inspirada en las grandes intuiciones y logros de la resistencia civil del siglo XIX e inicios del XX, que sustituyera total o parcialmente a la defensa militar y desterrara o al menos minimizara el peligro de la guerra.

Según uno de los teóricos que ha reflexionado sobre el transarme, Adams Roberts, la evolución de esta idea pasó (al menos hasta que publicó su “Civilian Resistence a National Defence” en 1969) por cuatro fases y enfoques:

  1. Investigación teórica de una defensa civil y de los presupuestos para su gradual implantación.
  2. Una metodología y programa de formación de la sociedad civil en las tácticas noviolentas para prevenir y preparar respuestas desarmadas ante eventuales ataques de otros países agresores.
  3. Una tercera, de posibilidad estratégica de implementar y aplicar una defensa de base civil para determinadas áreas o contextos sin abandonar plenamente la defensa militar.
  4. Y una cuarta, de construcción de compromisos públicos de las autoridades políticas nacionales a utilizar la resistencia civil en cualquier tipo de conflicto, con renuncia de la defensa militar por completo.

Lo cierto es que a partir de los años 70, la idea de transarme fue reconduciéndose cada vez más a una apuesta transicional de implementación de estrategias de defensa civil en el sistema global de defensa, pero aceptando, a veces resignadamente, el componente militar y de ultima ratio de la defensa militar (Galtung por ejemplo, en “Transarmament and the Cold War”, su recopilación más importante de textos sobre transarme, publicada en Oslo en 1988 aceptaba un sistema militar nuclear disuasivo y armas precisas de carácter también disuasorio, pero combinado con metodologías de defensa civil y un proceso gradual de sustitución de las armas ofensivas por las meramente defensivas).

Los gobiernos de Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca durante la guerra fría, e incluso la corporación RAND, un think tank financiado por el departamento de defensa de EE. UU., llegaron a interesarse por este tipo de propuestas para incorporarlas a sus doctrinas de defensa.

El gobierno holandés también intentó avanzar en la idea, creando en un grupo de investigación constituido al efecto por algunos pacifistas de renombre y expertos militares, aunque parece ser que en 1985 se abandonó el proyecto de complementariedad por su dificultad de puesta en práctica, según refiere Hylke Tromp en una actas publicadas en 1987 que recogen las aportaciones en un coloquio celebrado dos años antes en Estrasburgo sobre estrategias civiles de defensa. En su día, el gobierno sandinista también se interesó, poco antes de perder el poder a manos de su oposición, por tales propuestas.  

También en los actuales planes de defensa militar de la OTAN se contempla cierta participación civil en la conducción por otras vías de la guerra ante hipótesis de invasión y no dejan de asumirse acciones de resistencia civil o basadas en la revuelta noviolenta bajo el paraguas de conceptos tan etéreos como el de guerra asimétrica ante los intentos de invasión por parte del enemigo. Del mismo modo, en Lituania, integrada en la OTAN, se distribuyó entre la población civil en el año 2015 el manual “¿Cómo prepararse para situaciones de emergencia y guerra?”, que incorpora la resistencia noviolenta en la defensa nacional y, también, por lo que sabemos, han sido ejercidas acciones de defensa de base civil coordinadas con el mando militar ucranio en la actual conflicto ucranio/ruso.

Los planteamientos de defensa civil basada en técnicas noviolentas de no colaboración y su propuesta de progresiva implementación mediante procesos de transarme de los años 50 a 90 del siglo XX tenían como punto de partida la concepción de la defensa como defensa de los Estados, los territorios, las instituciones y todas las convenciones propias de la defensa militar, aunque por otros medios, lo cual resta crédito a la propia idea de defensa noviolenta, que dista mucho de ser la defensa del actual sistema/mundo por otros medios y más bien propone cambios radicales en el paradigma rector de nuestro mundo y defensa de la seguridad humana y de bienes que en muchas ocasiones se encuentran agredidas precisamente por el propio sistema de defensa militar y por las instituciones, estructuras e intereses que la defensa militar defiende en realidad.

Una idea algo diferente de la lucha contra la guerra, y también de los procesos de cambio gradual para conseguir la paz por medios pacíficos, nos la ofrece el actual planteamientos de Galtung, quien apuesta por un modelo de intervención civil en los conflictos desde una perspectiva noviolenta especializada (instituciones y expertos en mediación e intervención en conflictos, vías de pacificación, normas jurídicas y propuestas de cambios políticos estructurales y culturales, etc.), para abordar los referidos conflictos internacionales en sus aspectos directo, estructural y cultural mediante políticas de construcción de paz con contenidos, aplicando estrategias noviolentas de reconstrucción, reconciliación y resolución de conflictos, sin excluir cuerpos militares para el ejercicio de la legítima de defensa de los distintos pueblos.

En la actualidad siguen existiendo propuestas de transarme de un corte más bien clásico, que preconizan la construcción de un modelo de defensa civil dentro del esquema general de defensa militar. 

A título ilustrativo, el canal AutoDefensa Noviolenta, hastag #ADN de Telegram, que pretende promover un modelo de defensa noviolenta para una Cataluña independiente, se hace eco (lo cual no quiere decir que los promotores del canal las haga suyas al cien por cien ni que sea la propuesta de transarme ideal que preconizan) de algunas de las propuestas de implementación de metodologías de defensa noviolenta en un sistema global de defensa de enfoque civil-militar: en su entrada número 64 señala que “el gobierno que apueste por la defensa civil tiene que evitar hacer un uso simultáneo de las formas de resistencia violenta y noviolenta: si fuera imprescindible podría aplicarlas en distintos momentos del conflicto o aplicarla en lugares diferentes (p. ej. Defensa civil en ciudades y armada en zonas rurales para reducir las bajas y la destrucción de las ciudades)” o propone, citando a Gonzalo Arias en su libro “El ejército incruento” (post 92) el transarme como un proceso de adopción progresiva de las armas, la organización y las tácticas de la defensa civil noviolenta y la reducción paralela de las armas ofensivas hacia las armas defensivas hasta su completa sustitución, ofreciendo en otras entradas (por ejemplo, 84, 94) ejemplos de materialización de esos instrumentos de defensa civil, como la creación de cuerpos noviolentos de intervención en conflictos o “fuerzas de paz” (al ejemplo de Brigadas Internacionales de Paz, Khudai Khidmatgar, la Guardia Indígena del Cauca, Fuerzas de Paz Noviolentas o Servicios Civiles de paz), cuerpos que, en todo caso, no pueden agotar ni la idea de defensa alternativa ni los procesos de apropiación del protagonismo popular en la implementación de los procesos de transarme.

También podríamos entender como propuesta de transición hacia un modelo de defensa menos agresiva y con incorporación de la defensa civil el planteamiento de izquierda unida en el pasado, tanto en el uso que hiso de la propuesta de defensa 2001 de Viçent Fisas (que en realidad iba mucho más lejos de las rebajas de IU) como, más adelante, de la afirmación de Willy Meyer en la comisión mixta Congreso Senado para la profesionalización de las Fuerzas Armadas (Boletín de las cortes generales núm. 103 de 11 de mayo de 1998, pág. 2142) donde afirma que quieren que se de un transarme para desmilitarizar la idea de seguridad, con medidas de cambio de concepto de seguridad como “desnuclearización; una defensa alternativa no provocativa, no amenazante, que no participe en alianzas militares; desestimular el rearme; una defensa alternativa eficaz en lo que a la defensa del perímetro de seguridad se refiere; reducir la cultura militarista; contribuir a la seguridad internacional; convertir los programas industriales militares en programas civiles, convertir los programas de investigación más desarrollo militares en programas civiles” y propone como modelo un ejército reducido (90.000 efectivos), una reducción del gasto militar consecuente y  situar nuestra política de defensa fuera de la OTAN como culmen de su idea de transarme y afirma que “ Un ejército transarmado es un ejército reducido; un ejército que, efectivamente, se convierte en una apuesta en política exterior”.

En todo caso, tres son las principales potencialidades que la clásica idea de transarme aporta a nuestra concepción de otro tipo de transarme más allá de la implementación de la defensa civil en los sistemas de defensa:

  1. La idea de que la política de paz no puede reducirse a la apuesta por el desarme, que implica en definitiva no salirnos del círculo vicioso de la paz armada y negativa, como mera ausencia de guerra, y  que delega la construcción de la paz a una insuficiente aspiración de paz jurídica e institucional, siempre tan vinculante como lo deseen los líderes políticos de los distintos Estados, construida desde actores institucionales, “expertos” y elitistas, y no desde la gente, en minoría de edad permanente y servidumbre voluntaria en materia de defensa y de paz (parodiando a Clinton, “es el transarme, idiota (no el desarme)” el meollo de la cuestión).
  2. La insinuación del papel del empoderamiento social y la construcción de vínculos comunitaristas para desarrollar la defensa alternativa (no más rogativas al santo, por favor, y tomemos el toro por los cuernos).
  3. Y un cierto desplazamiento del propio concepto de defensa, tanto de lo que hay que defender (más centrada en una seguridad desde abajo y en las necesidades y aspiraciones de la gente y del conjunto del planeta que en la defensa del territorio, de las instituciones, de las cadenas de mando y de todo el argumentario de la defensa militar), como de las metodologías de defensa (lucha social y cultural, noviolencia, cooperación, cuidados, resistencia, etcétera).

En nuestro Estado fue el Colectivo Utopía Contagiosa el que, a partir de los años 90 del siglo XX se propuso repensar la idea de transarme como proceso dinámico de sustitución completa del modelo de defensa militar por otro de defensa popular noviolenta (en adelante DPNV), lo que necesariamente implicaba cuatro saltos respecto al debate clásico: 

a) La ruptura con la idea de defensa tradicional, con la consiguiente negativa del objeto de la defensa por el que apuesta ésta (hay que defender otra cosa, que más adelante se ha ido perfilando bajo el paraguas de la idea de seguridad humana, porque defender lo mismo de otro modo es hacer un pan como unas ostias, que decía mi abuelo), 

b) El rechazo de la compatibilidad del modelo de defensa militar con un modelo de defensa noviolenta que se predique alternativo (se niega la complementariedad y la compatibilidad de la defensa noviolenta y la militar, pues no se trata de mantener el mismo perro con distinto collar), lo que no evitará la convivencia en tensión conflictiva de un modelo militar que se va desmantelando con una implantación progresiva de mecanismos de DPNV durante el período de convivencia de ambos.

c) El redescubrimiento de las actuales prácticas y luchas sociales noviolentas como concreciones actuales pero también performativas del modelo global de DPNV  al que se quiere llegar en absoluta sustitución del modelo de defensa militar (la defensa noviolenta y los procesos de transarme se están ejerciendo y desencadenando ya y tal como se están desarrollando anticipan y prefiguran lo que puede ser un modelo completo de DPNV y superador del militarismo)  y 

d) La constatación de que los procesos de transarme exigen desencadenar simultáneamente dinámicas deliberadas  y apoyadas socialmente (y para ello desarrollar campañas de lucha social y provocar ciclos de movilización exigentes para conquistar sus logros) que quiten poder al paradigma global de violencia rectora en todos los planos (directo, estructural, cultural y sinérgico) y escenarios posibles (y no sólo, aunque también y de forma privilegiada en el militar y del militarismo) y de empoderar a la sociedad en la práctica y metodologías noviolentas de relación y lucha, aprovechando los espacios y recursos liberados para trasvasarlos, construir y fortalecer capacidades sociales y estructuras a la alternativa global. 

Utopía Contagiosa se esforzó en su divulgación y profundización de esta nueva brújula de lucha pacifista y noviolenta, pero desde que éste dejó de publicar, lo cierto es que no se ha avanzado mucho en el camino y en la actualidad no forma parte de las preocupaciones, de la práctica ni de las agendas ni del pacifismo, ni de la lucha contra la guerra. Tampoco de la reflexión académica autóctona.

Sin embargo, en la actualidad, como intentaré explicar más adelante, la apuesta por el transarme como proceso y marco de lucha para conseguir implantar una alternativa de DPNV y, más allá del campo de la defensa, un cambio global de sociedad apropiándonos de la idea de defensa social como hilo conductor de las distintas luchas (ecologismo, feminismo, altermundismo, contra la pobreza, etc.), puede ofrecernos un potente e inédito mapa  de acción, tanto para rescatar la lucha pacifista del reduccionismo al que actualmente la ha conducido el predominio de la idea de desarme y la aspiración de paz negativa, como para la coordinación y articulación de otras luchas contra el sistema.

  1. Precisiones de una idea de transarme alternativa.

La idea del transarme puede mantener, como hemos visto, aspiraciones de mera reforma del sistema de defensa militar (y así sería contemplado por algunas propuestas de redimensionamiento y modernización de los ejércitos previsiblemente asumibles para determinadas propuestas políticas de carácter reformista junto con otras de signo pragmático del conjunto de propuestas pacifistas, como puede ser la de Galtung) junto con otro enfoque que busque la supresión del modelo de defensa militar y la superación del militarismo, para desarrollar plenamente una defensa de la seguridad humana.

Muy simplificadamente, encuentro tres posibles enfoques de las ideas de transarme, conforme a la idea final de defensa que predican: la clásica idea de defensa de base civil o social; una segunda, la idea de intervención “3R” de Galtung, y una tercera, la que preconiza la DPNV; con arreglo al cuadro siguiente:

DEFENSA SOCIALGALTUNGDPNV
MOMENTO DE ACTUACIONAnte un conflicto manifiesto, usándose como recurso, complemento u opción dentro de la defensa militar.Antes del conflicto con prevención, durante el conflicto intentando pararlo y después de sufrirse la violencia, con la dinámica de las 3 RTodo el tiempo mediante una estrategia de lucha social noviolenta contra la violencia rectora y desencadenando procesos dinámicos de quitar poder al paradigma vigente y construir simultáneamente fuerza alternativa
SUJETOS DE LA ACCIONEjércitos y cuerpos civiles especializados. La sociedad debidamente formada para resistirse.Especialistas noviolentos e instituciones mediante procesos de mediación, reconciliación, reconstrucción y resolución de conflictos. Trabajadores por la paz.Organizaciones de base, gente común y sus articulaciones, mediante el empoderamiento social, la movilización colectiva, la acción directa, las prácticas de contraste, el ensayo de nuevos modos de organizarse y la lucha social. 
ENFOQUEDefensa dentro del paradigma militarRestaurador (paz restaurativa) e institucional-reformista, como paso previo para construir la paz gradualmente.Proactivo y transformador. Quiere un cambio global y una dinámica evolutiva de quitar poder al constructo vigente y alumbrar simultáneamente una alternativa a este.
METODOLOGIAEstatal combinando la acción de base violenta y la resistencia civil de base noviolenta.Noviolenta de base especializadaNoviolenta de base popular y social.
IDEA DE DEFENSADefensa territorial, institucional y del statu quo.Defensa de base civil y promoción de la paz. Prioritariamente defensiva o reactiva (reaccionar ante la violencia)Popular noviolento basado en la lucha por la seguridad humana y por la transformación social hacia un paradigma alternativo. Defensiva/ofensivo (de resistencia y proactiva en quitar poder al paradigma dominación-violencia y construir simultáneamente seguridad humana. 

En todo caso, las propuestas alternativas y no meramente reformistas del transarme asumen un tiempo de convivencia, aunque en tensión, entre el modelo de defensa militar que se pretende desinventar y el progresivo empoderamiento de una defensa alternativa noviolenta que buscamos afirmar y fortalecer y, desde ese punto de vista, tiene una pretensión de consolidar e institucionalizar estructuralmente cambios irreversibles que afectan a las políticas de defensa y de paz y al modelo de sociedad en su conjunto.

Este enfoque del transarme tiene varios rasgos más:

  1. Es una propuesta transicional y (sobre todo) transformacional.

El transarme es no sólo (ni principalmente) una propuesta transicional, de convivencia del modelo militar (que teóricamente iríamos desmantelando) con metodologías y estructuras noviolentas (que iríamos desarrollando) sino, a la vez, y, sobre todo, una propuesta deliberadamente transformacional. 

El énfasis principal está en la pretensión de transformar de forma plena y radical la defensa militar y los cambios que sea capaz de conseguir son instrumentales a dicha pretensión.

Mantiene una primera dimensión de negación y resistencia frente al modelo militar y al paradigma violento y por eso enfatiza un activismo de lucha y una pretensión de abolir su régimen y su lógica.

Pero a su vez, mantiene una segunda dimensión de anuncio y alternativa que se construye en el quehacer diario fortaleciendo metodologías de lucha noviolenta, estructuras de participación horizontal y de base, metodologías de intervención alternativa en los conflictos, estructuras de paz por medios pacíficos, cultura alternativa, …

No pretende la reforma de lo militar ni predica ningún tipo de reformismo, sino la absoluta abolición de la defensa militar. Su “no” es en sí performativo de las aspiraciones de vida que pretende alcanzar. Por eso sus propuestas no son recetas ni de modernización, ni de reforma, ni de mejora de lo militar, sino pasos sucesivos de irreversible desmantelamiento de la defensa militar, acompañados, como veremos, de otros pasos simultáneos de construcción de una defensa alternativa y antagónica con la militar.

Lo mismo podríamos aplicar a otros aspectos contra los que se desencadenan las luchas sociales noviolentas que “ya” están ejerciendo diversos colectivos y movimientos en sus respectivos campos de lucha, defendiendo lo que la gente quiere defender. También su lucha y su no es performativo de un futuro indeterminado que no tenemos ni capacidad ni necesidad de describir en forma de utopía cerrada.

El carácter transformacional del transarme lo pone en franca consonancia con las otras luchas trans-formacionales y radicales vigentes en la actualidad y, como veremos, puede ser una de las llaves por las que el trans-arme pueda servir como una brújula de coordinación de luchas sociales en términos de identificación de qué hay que defender y de procesos de resistencia y aspiraciones sociales. Lo dejamos insinuado de momento.

  1. Que afirma la procesualidad (por encima de gradualidad).

La idea alternativa del transarme exige tener en cuenta que el carácter principal del mismo no es tanto la gradualidad de los cambios del de defensa vigente, que busca introducir ni tampoco el carácter transicional (o reformista en otros casos) de los mismos, como la intención de desencadenar procesos dinámicos e indeterminados de cambio en todos los escenarios posibles (económico, social, cultural, en la seguridad humana, en las políticas públicas, en defensa, etc.).

No es tanto una especie de planificación maquiavélica y clásica (que unos planifican y otros ejecutan bajo la lógica medios/fines) de sucesivos cambios en el aparato militar, como la apuesta por iniciar procesos de cambio social y político (cultural, económico, legal, económico, de relaciones de poder, de empoderamiento y apropiación popular, de relaciones entre los pueblos, de la política de defensa, de estructuras, de la vida cotidiana, de conquista de derechos, etc.)  desde dentro de la sociedad y para provechar la inercia de dichos procesos y la implicación social en ellos para amplificar sus efectos.

Cambios tan amplios o modestos como las circunstancias permitan y tan rápidos o pausados como sea posible. 

Procesos de sustitución y superación sucesiva del modelo de defensa militar, de su objeto, de su metodología e infraestructura y de su paradigma, por una defensa noviolenta plena y a desarrollar en cada momento desde la práctica de la gente y de sus articulaciones sociales hasta donde sea posible, por el empoderamiento y la actoría social sin delegación y por un paradigma global de cooperación noviolencia.

No, por tanto. únicamente provocar reformas graduales en el modelo de defensa militar (suprimir el armamento ofensivo, redimensionar los efectivos y estructuras de defensa, abandonar determinadas estructuras militares o enfoques intervencionistas, reconvertir industrias militares, reducir el gasto militar, recolocar efectivos militares a fuerzas de paz o desarmadas u otras que se nos puedan ocurrir) sino de desencadenar dinámicas sociales que conquisten transformaciones de calado sobre los que construir permanentemente y de la manera más plena posible la alternativa de defensa popular noviolenta (en adelante DPNV).

Dado que se trata de incentivar, promover y desencadenar procesos de cambio dirigidos a la superación del modelo de defensa militar, su mayor o menor intensidad y profundidad, gradualidad o saltacionismo vendrán condicionadas y definidas por las potencialidades de los procesos desencadenados, su mayor o menor solidez o reversibilidad, la capacidad de la sociedad para asumirlos en su radicalidad y el juego de fuerzas políticas en liza. 

Es por eso también una suma de procesos indefinidos, no prefijados de antemano, dinámicos y no cerrados, sino abiertos a la sorpresa y la incertidumbre tanto en sus medios como en sus fines.

  1. Desarrollando tres dinámicas políticas simultáneas

El transarme vendría a ser una estrategia de lucha política que abarca la pretensión de atender simultáneamente a tres tipos de medidas, reivindicaciones y dinámicas de acción:

  1. Quitar poder al modelo de defensa militar y a sus componentes tanto estructurales como culturales
  2. Construir simultáneamente la alternativa de lucha social y organización de una defensa alternativa
  3. Trasvasar a la construcción de la defensa alternativa, a la consolidación de los cambios y al empoderamiento social en los mismos los recursos detraídos o los espacios liberados de la estructura militar.

Diagrama

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Se trata de tres planos que exigen ser atendidos por igual, sin relegación, y que se potencian mutuamente para consolidar los procesos de cambio.

  1. Y que abarca los dos grandes campos de acción: el del poder constituido y del empoderamiento social.

Dado que construyen en el día a día un cambio, quitando poder al paradigma militar,  y consolida una alternativa, mantiene un primer campo de acción: el de consolidar dicho cambio también en lo institucional a medida que se va realizando en la sociedad. 

  1. El polo del poder instituido

Por eso exige atender al campo del poder instituido en el doble sentido de conseguir que dichos cambios se institucionalicen y de ser el mundo institucional uno de los principales receptores frente al que desencadenar nuestras críticas, reivindicaciones y propuestas. 

El poder constituido no regala nada, tiende a conservar el statu quo y tiene en los aparatos de defensa, seguridad y control social sus principales herramientas de ejercicio del “monopolio de la violencia” y construcción del orden político. Frente a eso, debemos conseguirse que el mismo poder que justifica y mantiene el sistema de defensa se vea forzado, por el peso de nuestras luchas, a instituir y a llevar a la práctica los cambios que conlleva el transarme.

Cambios que en el campo del transarme específico del modelo de defensa pasarán por la progresiva resistencia a la guerra y apoyo a la causa de la paz, por la reorientación de la política de defensa y de sus líneas principales (qué queremos defender, qué metodologías y qué sujetos de la defensa) hasta la supresión de los ejércitos y la acogida de la defensa noviolenta de la seguridad humana; por la progresiva redimensión de los aparatos, estructuras y gastos de defensa hasta el desmantelamiento final y sustitución por la DPNV; por la reestructuración de los mecanismos de defensa, y así, los distintos procesos de desmilitarización hasta la completa superación del militarismo.

  1. El polo del empoderamiento social.

Y debe contemplarse el segundo polo o campo de la acción política; el empoderamiento social y la construcción del poder popular protagonista.

La propuesta de cambio radical que subyace al transarme exige una sociedad que asuma los presupuestos metodológicos y prácticos del cambio de paradigma de violencia rectora y que esté dispuesta a ejercer esa apropiación de la defensa de sus propios intereses por sí y sin delegación. El salto conceptual de quedarnos sin ejércitos implica un cambio tan radical en las mentalidades y prácticas de nuestras sociedades como el que implican los otros cambios exigentes y urgentes del momento, como puede ser el decrecimiento y la organización de una sociedad simbiótica con el resto de la vida del planeta, la abolición del patriarcado, la superación del capitalismo o el destierro de la pobreza y la asunción de sociedades comunitaristas y solidarias, cambios relevantes y necesarios, además, para la plena vigencia de una DPNV.

Por eso, el polo del empoderamiento social tiene un doble sentido, pues es la sociedad constituyente la que debe hacer suyas estas expectativas, reivindicarlas e impulsar las luchas para llevarlas a cabo en todos los escenarios sociales, interiorizarlos y convertirlos en su propia práctica.

En las actuales circunstancias esta apelación al protagonismo social pasa por construir en paralelo empoderamiento social y trabajo paciente con el resto de la sociedad. Este segundo polo del transarme necesita proponer y poner en práctica mecanismos de participación horizontal, apropiación y cultura popular necesarios tanto para desencadenar las distintas luchas y movilizaciones de cambio, herramientas para la reapropiarse de la actoría de la defensa social, vínculos, sensibilización y formación para la afirmación y resistencia frente a las arremetidas del paradigma violento, mecanismos de resolución de conflictos alternativos, espacios para la construcción de experiencia de contraste donde ya ejercemos la defensa de lo que queremos por medios diferentes, construcción de imaginarios donde vincular sueños, esperanzas y experiencias para la prefiguración de la sociedad a la que aspiramos y un largo etcétera.

  1. Impulsado en términos de reivindicación social desde las articulaciones antimilitaristas, noviolentas y de los movimientos de cambio

Los modos de articulación de las luchas sociales que actualmente protagonizan diversas organizaciones de talante transformador, que ya actúan bajo metodologías noviolentas de lucha y conquista de los derechos (léase ecologismo, feminismos, defensa de los derechos humanos y derechos sociales, lucha contra la pobreza, inmigración, sanidad, educación, vivienda, altermundismo, antirracismo, anticapitalismo, contracultura, etc.), pueden ser hoy en día los principales vectores desde los que es posible promover las agendas del transarme y pueden a su vez aprovecharse de esta como mecanismo de comunicación y coordinación de luchas y esfuerzos compartidos desde una óptica de defensa de lo que verdaderamente hay que defender.

Estas grandes articulaciones utilizan en su repertorio de acción y de lucha social radical estrategias que denuncian las situaciones insostenibles y las agresiones constantes de lo que verdaderamente debe ser defendido y anuncian la alternativa, haciendo valer así la doble dimensión de quitar poder al paradigma vigente y de construir en el día a día alternativa a éste, por lo que bien puede decirse que hoy por hoy son agentes privilegiados de la construcción, aún sin la suficiente explicitación en términos de tal, del transarme.

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  1. Contiene una triple dimensión 

Con todo ello, los procesos de transarme, aun cuando su principal campo de lucha es el del militarismo y el de la superación del modelo militar de defensa, y por extensión el problema de la guerra y la construcción de la paz con contenidos, no sólo afecta a esto y se puede hablar de un transarme de índole inespecífico que afecta a la actual confrontación entre el sistema mundo vigente, con sus paradigmas rectores, y las expectativas de cambio de rubo y transformación radical, con sus imaginarios paradigmáticos por concretar y construir, y su definición de lo que hay que defender (o por lo que hay que luchar) alternativo.

Dado el carácter de suma de procesos dinámicos del transarme, podemos destacar que éste tiene tres planos o dimensiones diferentes: 

  1. Un primer plano, de práctica actual tanto de luchas sociales como de experiencias de contraste en las que se experimenta y vive desde presupuestos y valores alternativos y se quita ya y ahora poder al modelo militarista vigente simultáneamente que se construye y empodera una alternativa de defensa en la medida de lo posible. Esta primera dimensión se desarrolla y concreta en la lucha social y en las prácticas de contraste que realizamos y nos proporciona capacidades de empoderamiento y apropiación de la idea de defensa de la seguridad humana, antagonista de la seguridad militar.
  2. Un segundo plano hace referencia a los procesos a desencadenar mediante una estrategia deliberada que hay que promover, coordinar y construir en términos de reivindicación y propuestas específicas para quitar poder al paradigma de defensa vigente y construir en paralelo el modelo de defensa alternativo.
  3. Y uno tercero, como horizonte y marco referencial y transformativo final, al que se pretende llegar de desmantelamiento o reseteo del sistema de defensa militar y su sustitución completa por una DPNV.

Captura de pantalla de un celular con letras

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  1. Seis ejes para desencadenar luchas por el transarme 

El transarme como estrategia concreta y propuesta de cambio de modelo de defensa debe ser concretado y especificado en el debate entre las articulaciones sociales que luchan por él.

Aclaremos, aunque a estas alturas creo que debería estar ya claro, que el tan-arme no equivale a un programa de reforma del servicio militar, al estilo de los que proponen cíclicamente los partidos políticos y los grupos de poder que nos han tocado en suerte, ni de sustitución de un modelo de defensa militar por otro de defensas, civiles, ejércitos europeos, ejércitos humanitarios, o defensas no ofensivas, ni tampoco entra en su lógica una paz de construcción meramente jurídica basada en tratados de desarme, control de armas o similares o cualesquiera otras ideas descabelladas de los pacifismos que hemos denominado oficiales.

A título de mera ejemplificación (por supuesto que susceptible de cualquier crítica, mejora o mejor idea) que a su vez habría de llenarse de contenido, el transarme se puede articular en torno a una idea transversal (eje 1) de desmilitarizar la sociedad y seis ejes en los que desarrollar sus propuestas específicas de quitar poder al modelo militar, trasvasar capacidades a las necesidades sociales y empoderar mecanismos alternativos de DPNV, con arreglo al cuadro siguiente que ya he presentado, con ligeras variaciones, en otras colaboraciones tanto con este medio como con el blog de Tortuga:

Gráfico

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Se advierte que, aunque los ejes tienen una secuencia lógica, no necesariamente deben irse quemando etapas de forma secuencial, sino que se puede desde el inicio avanzar simultáneamente en unos y otros en la medida en que nuestras fuerzas y las posibilidades que ofrezca la coyuntura lo permitan.

Lógicamente cada uno de estos ejes debe llenarse de contenidos y concreciones que los desarrollen, lo cual impone, como es lógico, el intercambio de ideas, debate y evaluación de las distintas articulaciones empeñadas en su desarrollo, debate y articulación que, en mi criterio, hoy pide a gritos la urgencia de la situación que vivimos y la dispersión de las respuestas con que, cada cual como puede, estamos dándole contestación.

A título de ejemplo, de nuevo, estos ejes se pueden rellenar de contenidos y propuestas, de los que más tarde podremos derivar reivindicaciones, campañas, luchas, contenido de agendas propias y compartidas y todo un arsenal de acción em nuestro amplio repertorio de actuación, como:

  1. Primero, Impulsar la (R)esistencia a la guerra y contra su preparación,
    1. tanto aquí (en el primer mundo y en nuestro pequeño espacio estatal), donde se preparan y organizan las guerras y se organiza la geopolítica para consolidar el sistema de dominación-violencia:
      1.  Quintando poder a la explotación de recursos, a la sumisión de pueblos, a la división y conflictividad, a las guerras, normas comerciales injustas, a la degradación del medio ambiente, a la deslocalización y fragmentación del mercado laboral, al fomento de la incultura y la manipulación cultural, a la venta de armas y sistemas militares, a la carrera de armamentos, a la participación en alianzas militares, al apoyo a las bases militares de EEUU, abandonando el papel actual en las operaciones militares en el exterior y al apoyo militar a países involucrados en conflictos, la investigación militar, etcétera).
      2. Proponiendo y ejerciendo el fomento de la cultura de paz, la solidaridad internacional, la sensibilización y movilización contra la guerra, el trabajo de base, el fortalecimiento de l agenda de desmilitarización social que preconiza el movimiento antimilitarista, etc.
    2. Como “allí” donde nuestras políticas fomentan y despliegan la guerra (apoyo a los movimientos noviolentos y de resistencia a la guerra, auxilio a desertores y desplazados, fomento de mediadas de enfoque alternativo hacia los conflictos, boicot a las guerras y a la participación de tropas de injerencia militar, fomento de redes de colaboración entre los países en conflicto e inmigrados de éstos aquí, participación en luchas por los cuidados, redes de solidaridad y acogida, …).
  2. Segundo, lucha por conseguir una (R)eorientación escalonada y global de la política de defensa

Las preguntas cruciales que nunca se ha hecho a la ciudadanía española son tres:

  1.  ¿Qué queremos defender? Si optan por un modelo de defensa nacional o de seguridad nacional, o, por el contrario, optan por un modelo de Seguridad Humana. 
  2. ¿Quién debe ser el sujeto de esa defensa? Si un cuerpo especializado y segregado de la sociedad, al que dotamos de instrumentos y poder para ello, o la sociedad en su conjunto, de forma transversal
  3. ¿Cómo queremos que sea esa defensa? Si con ejércitos, diplomacia, alianzas militares, guerras económicas, etc. o por el contrario mediante la apuesta por el desarrollo de los bienes sociales (educación, sanidad, renta básica, derechos sociales, desarrollo sostenible y justo, justicia internacional y solidaridad). 

Se trata de ejercer un empoderamiento social en la defensa social que ya se efectúa (plataformas de vivienda, lucha contra la precariedad, acción contra el racismo y la xenofobia, cuidados, reivindicaciones de derechos sociales, educación, contra los procesos de securitización, …) de lo que a la gente le interesa defender, mediante la lucha social por diversas conquistas sociales y necesidades que no son defendidas (y generalmente son negadas) desde el poder y el Estado. Exige esfuerzo en seguir participando y desarrollando formas de organización popular, de participación activa desde lo cotidiano, fomento del asamblearismo y la horizontalidad, implicación en la acción directa y la desobediencia frente a las tropelías, … que desborden el marco institucional y nos “reapodere” de la idea de defensa como algo nuestro y sin delegación, no de aparatos militares, paramilitares o policiales.  Experiencias concretas, aquí y ahora, que deben apoyar nuestro ideal de otra forma de entender la justicia, de cómo autogobiernos, nuevas prácticas económicas no capitalistas, otras formas de entender la seguridad y la defensa, practicándolas al margen de las instituciones.

  1. Tercero, (R)edimensionamiento de la política de defensa

Lo que significa quitar poder al actual modelo tanto en su estructura, en su gigantismo, en su armamento, en sus infraestructuras, en el personal, en sus industrias, en sus misiones, en sus valores, en su penetración social, en su opacidad, en la violación de los derechos, etcétera.

¿Queremos realmente dedicar más de 34.000 millones de euros anuales en impuestos al militarismo? ¿No hay otras políticas, de vivienda, sanitarias, de educación, de ecología, más importantes y necesarias? ¿queremos una defensa en alianza militar en la OTAN? ¿queremos una defensa intervencionista?…

Esta apuesta “crítica” no pretende ni se conforma con la petición de reasignación de partidas en el presupuesto, como si ese fuera el problema, o de reducción de tropas, por ejemplo, ni apuesta por un listado de reformas institucionales, sino que aborda la necesidad de cambios globales, en “todas y cada una” de las dimensiones de la política de defensa, y los exige en su conjunto, con el enfoque de quitarle poder, todo el posible en cada momento en función de nuestra capacidad de lucha, al modelo vigente y de trasvasar ese poder a una defensa social ejercida desde las necesidades y el protagonismo de la sociedad.

  1. Cuarto, (R)eestructurar los aparatos de la defensa, de control social las políticas internacionales, enfocándolas a su disolución.

Se trata igualmente de una lucha que pone el énfasis en desenmascarar el poder del constructo militarista y ejercer la crítica de sus instituciones y una apuesta por un horizonte de superación de estos. ¿Es necesario mantener ejércitos y cuerpos paramilitares y policiales para construir la seguridad humana? ¿Son necesarios para algún fin decente submarinos que no flotan, o aviones de transporte incapaces de pasar las normativas de aeronavegabilidad? ¿Se debe mantener una industria militar que condena al monocultivo militar y a la dependencia de trabajo indecente a regiones enteras y participa en la masacre de millones de seres humanos a los que se venden las armas?¿Es admisible la emisión contaminante de la actividad militar?¿No es posible establecer políticas de apoyo al derecho a la vivienda con el enorme patrimonio inmobiliario del “segundo” terrateniente del Estado?¿Debemos ser considerados enemigos internos y sometidos a aparatos y normas de control social y leyes mordaza?

  1. R)einiciar una política organizada de paz más allá del desarme, que acompañe y potencie las anteriores políticas y enfocada al cambio de modelo militar de defensa por otro de seguridad humana.
  2. (R)esetear el sistema.

Poniendo el énfasis en la radicalidad de nuestra apuesta. No apostamos por un mero reformismo que, a la larga, refuerce el poder del militarismo y las estructuras de defensa, sino que nuestra lucha es por el cambio total de concepción y la construcción de un paradigma alternativo de cooperación-noviolencia coordinado y conjuntado con las aspiraciones globales de cambio de sistema, con los principales referentes que ya ofrecen desde otra perspectivas el feminismo, el ecologismo, la lucha por el bien común, etcétera.

  1. Potencialidades del transarme para generar una brújula de cambio

La idea de transarme que hemos apuntado, como  suma de procesos dinámicos de desarraigo y desinvención del modelo militar de defensa (y del paradigma global de violencia rectora) y de empoderamiento simultáneo del modelo de DPNV (y de fortalecimiento de un paradigma global de cooperación-noviolencia) que “ya, pero todavía no” se está desarrollando, puede ofrecernos un verdadero arsenal de contenidos para una agenda de mayor riqueza pacifista y antimilitarista, hoy fuertemente infravalorada, invisibilizada y minorizada desde los poderes y sus aparatos de propaganda. 

También puede suponernos una verdadera brújula de acción para intentar desencadenar nuevos ciclos de movilización social no sólo ante la guerra cuando esta se desencadena, sino ante las características específicas con las que el militarismo de nuevo cuño está dando una verdadera vuelta de tuerca a los procesos de remilitarización social en curso.

Primero, porque nos permite identificar y aspirar a romper con los principales problemas de nuestro militarismo (gigantismo, insostenibilidad y generación de deuda ilegítima, opacidad y falta de control, intervencionismo, sumisión, minoría de edad y falta de soberanía de la sociedad, oligopolización, puertagiratorismo y subordinación al complejo de intereses de las élites, subordinación a los intereses de dominación violencia de occidente mediante la OTAN y las bases militares, despilfarro generalizado y saqueo, gasto militar brutal y en detrimento de las necesidades sociales, industria militar y venta de armas, militarismo expansivo y colaboracionismo social, insolidaridad social, ideología, políticas que no defienden lo que la gente quiere defender, etc.) y proponer actuaciones en su contra, políticas y campañas de confrontación y alternativas.

Segundo, porque nos permite clarificar la paz transformativa que perseguimos y los contenidos sociales, metodológicas, estructurales, culturales que la construyen, así como no hacer el juego a los intereses de la paz oficial y su argumentario de desarme y paz jurídica negativa, rescatando el programa de lucha radical contra la violencia rectora, de desmilitarización y de apuesta noviolenta, las metodologías de desobediencia, acción directa, resistencia civil, construcción de empoderamiento popular, metodologías de convivencia y participación horizontal, resolución alternativa de conflictos, solidaridad y otras propias de la metodología noviolenta como las que construyen la paz.

Tercero, porque nos permite debatir en común y apropiarnos socialmente de lo que como sociedades queremos defender, constituyendo políticas cotidianas y conquistando políticas públicas para alcanzarlo a la par que desmantelando sus impedimentos y verdaderas agresiones y enemigos.

Cuarto, porque nos permite poner en marcha una agenda más planificada de cambio social mediante el trans-arme y su doble vertiente de construir alternativa simultáneamente que quitar poder al militarismo..

Y quinto, porque nos puede poner en sintonía con otras expectativas de lucha y movimientos no específicamente centrados en la defensa, que ya utilizan las metodologías noviolentas, practican defensas sociales ante agresiones directas o para conseguir aspiraciones y necesidades desatendidas, acumulan experiencia y capacidades de trabajo, formulan alternativas y, en definitiva, practican ya el transarme a su manera; experiencias de lucha con las que podemos hacer sinergia, aprovechando su saber hacer, compartiendo agendas y proponiendo la perspectiva de defensa social y transarme para que la incorporen, ayuden a completar de contenidos y potencien desde sus respectivos intereses y sensibilidades.

  1. Protagonismo del movimiento antimilitarista y de las diversas articulaciones de lucha noviolenta

Apropiarnos de la idea transformativa del transarme y promover las luchas que de la misma se derivan se me antoja un reto para el antimilitarismo y el pacifismo noviolento del momento.

La realidad está pidiendo a gritos una respuesta de contenido y calado que oriente la lucha por la paz que languidece entre nosotros y que ha reducido sus perfiles a enfoques de rechazo selectivo de las guerras, a la  apuesta por una paz negativa como mera ausencia de guerras y a lo sumo a las políticas de desarme y la lucha por tratados más o menos oportunos, sin profundizar en la idea de la necesaria desmilitarización social ni en la amplitud de contenidos y luchas que una idea de paz con contenidos conlleva.

El transarme, al hacernos pensar e imaginar procesos de quitar poder a lo militar(y a conocerlo mejor) en sus múltiples caras, desde los campos de tiro y los espacios naturales, hasta el patrimonio que acumula, desde las armas que maneja hasta los negocios que entraña, desde el gasto militar hasta las operaciones que desarrolla, desde sus ramificaciones sociales e institucionales hasta sus negocios, y así a infinidad de aspectos que componen su realidad, nos facilita la identificación de objetivos, de luchas y campañas.

También lo hace en el aspecto propositivo al obligarnos a pensar procesos de transferencia a necesidades sociales y procesos de construcción de alternativas de DPNV y de empoderamiento social en lo concreto, así como pasos para obligar a cambios culturales y estructurales que solidifiquen la DPNV y ayuden a la transformación del paradigma violento.

Todo ello, en mi criterio, nos puede servir de hoja de ruta para la lucha del presente y del futuro de un pacifismo antimilitarista que se niegue a la memorización a la que actualmente se encuentra sometido por los aires de guerra y los ardores guerreros de la nueva geopolítica en la que nos están embarcando.

Pero también, y en la medida en que la conexión de las aspiraciones de cambio radical que promueve la idea de transarme con las que ya constituyen los argumentarios de otros movimientos sociales y luchas, pude servirnos para complementar nuestra visión incorporando las defensas sociales que estos movimientos están protagonizando, así como a genera mejores agendas de lucha global, también en términos de alternativa de defensa y de transarme.

Un debate que debemos tener y compartir con las otras articulaciones sociales afines con las que también vamos compartiendo luchas e intercambiando experiencia y con las que, cada vez más, vamos convergiendo en la idea de un necesario cambio global de modelo.

Un debate para cuya construcción se me ocurre, también como ejemplo, un cuadro de contenidos que habría que debatir y rellenar, en torno a los siguientes guiones temáticos. 

Quitar poder a la defensa militarCrear alternativa simultáneamente
Escenarios del concepto de defensaViolencia directa. Violencia estructural. Violencia cultural. Violencia sinérgica.En la lucha por los derechos. En lo económico. En el comercio internacional. En la salud. En la educación. En la perspectiva de género. En la ecología. En la lucha por la paz. En las relaciones internacionales…
Trabajo y análisis del movimiento antimilitaristaReflexiones sobre la propia práctica y elaboración teórica de un nuevo modelo de defensa basado en la lucha contra la violencia rectora y DPNV Análisis de coyuntura y oportunidades para elaborar una propuesta de transarme y lanzarla a la sociedadDefinir escenarios a abordar. Identificar actores de estos. Analizar los acontecimientos relevantes desde el punto de vista político. Definir prioridades estratégicas. Marcarnos objetivos a corto, medio y largo plazo. Diseñar campañas coherentes. Definir prioridades estratégicas. Marcarnos objetivos a corto, medio y largo plazo. Diseñar campañas coherentes.

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