España participa y fomenta la Guerra.


Juan Carlos Rois.

ESPAÑA FOMENTA LA GUERRA. REFLEXION A PARTIR DE LA INTERVENCION DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE COMERCIO EN LA COMISIÓN DE DEFENSA.

En la reciente comparecencia de la Secretaria de Estado de Comercio se han dado a conocer los datos del “Informe sobre exportaciones de material de defensa y tecnología de doble uso”. Entre sus siniestros datos globales sobre el negocio de las armas y el lucro que obtienen los señores de la guerra explotando las peores pulsiones de inseguridad, hemos tenido conocimiento de la participación española en la guerra de Ucrania.

Desde enero de 2022 a febrero de 2024 España ha entregado una ingente cantidad de material militar para cronificar la guerra en Ucrania. En concreto se han autorizado 151 operaciones directas de exportación de armas a Ucrania, 61 realizadas por el propio Ministerio de Defensa, con una cifra de gasto público de 190 millones de euros, y otras 90 operaciones más autorizadas a los señores de la guerra, con una cifra de negocio superior aún a los 200 millones.

Además de esta participación directa, también se han autorizado “reexportaciones” desde países Bajos y Estonia con destino a Ucrania, si bien no nos dicen (¿por qué?) qué tipo de material se ha reexportado desde estos países. Existen también exportaciones de material de “doble uso” para Ucrania por 1,54 millones de euros en el primer semestre de 2023.

Aunque el informe no dice nada al respecto, al margen de esta ayuda directa en material militar, España participa también en armar al ejército de Ucrania por medio de los mecanismos Europeos conjuntos, como el Fondo para la Paz y otros mecanismos de cooperación financiera. Digamos de paso que la Unión Europea, según sus halcones (https://www.consilium.europa.eu/es/policies/eu-response-ukraine-invasion/eu-solidarity ukraine/#:~:text= 81%20000%20millones%20de%20euros, Estados% 20miembros %20de%20la%20UE), lleva invertidos más de 143.000 millones de euros en sostener la guerra de Ucrania, cifra que se desglosa del siguiente modo:
81.000 millones en ayuda financiera y presupuestaria (para que puedan comprar armas y sostener sus aparatos de guerra)
33.000 millones en ayuda militar.17.000 en ayuda a refugiados.
12.200 millones en subvenciones, préstamos y garantías al estado ucrania.

Actualmente el departamento que dirige el Alto Representante de la Unión para Asuntos exteriores, de facto algo parecido al ministro de la guerra de Europa, afirma que se necesita un gasto sostenido anual de más de 5.500 millones de euros al año a favor de Ucrania en compra de armas para no perder la guerra contra Rusia, porque Europa y sus halcones tienen claro que están en guerra con Rusia (y que los ucranianos y los rusos ponen la cara y el sufrimiento, y Europa y EEUU la táctica y el material)
La participación española al Fondo Europeo de Paz durante 2023 fue de otros 94 millones de euros más, aprobados en los presupuestos de dicho año, cantidad que luego se amplió en los Consejos de Ministros.

Volviendo sobre la participación de España en alimentar la guerra de Ucrania, tenemos que hablar de otros mecanismos más de implicación, porque, además del gasto directo en armas y del indirecto que aplicamos por medio de nuestra financiación de los fondos europeos de armamento, también tenemos otros capítulos de contribución a la cronificación de la guerra, ahora en términos de ayuda financiera, – ayuda humanitaria (1.400 millones según datos oficiales de la Secretaría de Estado de Migraciones),
protección internacional a refugiados ucranianos (200.000 concesiones según datos ministeriales de la Secretaría de Estado de Migraciones, y un gasto aún pendiente de cuantificar) – adiestramiento de militares ucranios en España (más de 3000 soldados adiestrados según datos del Ministerio de Defensa) y refuerzo de las misiones militares españolas en países circundantes a Ucrania (países bálticos, policía aérea, barcos y aviones de vigilancia, etc.).

Todo esto convierte a España en un actor nada despreciable de la guerra de Ucrania y nos acerca todavía más en la política de alimentar focos de guerra que cronifican la situación de dolor, destrucción y muerte al servicio de intereses nada santos y que nada tienen que ver con la paz, y mucho menos con una paz justa. ¿Cuántos desplazados, cuantos mutilados, cuantas mujeres violadas o cuantos muertos nos corresponden en la guerra ucraniana que ayudamos a cronificar? Tal vez es un coste oculto de nuestra responsabilidad en la guerra que no deberíamos pasar por alto.

El informe habla también de otras guerras que alimentamos con nuestra política de venta de armas. Pongamos el caso de Israel, actualmente empeñada en desarrollar una política que va más allá de la guerra clásica entre ejércitos y que se enfoca como una guerra contra la población civil y de exterminio.
España ha vendido en 2023 a Israel nada menos que 37,8 toneladas de armamento. No cuenta el informe que España también ha alimentado a la industria militar israelí comprando misiles y otros armamentos israelíes por aproximadamente 300 millones de euros en 2023 ni que las bases militares de EE.UU. en España son susceptibles de apoyar las misiones americanas que colaboran con Israel. Dado nuestro apoyo a la guerra israelí, podríamos preguntarnos a cuantas cabezas de niños masacrados por Israel toca la responsabilidad española.

También en 2023 hemos vendido armas a otros países en guerra. Pongamos el ejemplo de Mali, que en el primer trimestre contaba con licencias para compra de armas españolas por valor de más de 7 millones de euros, más otros 38 millones en material de doble uso, sin contar con la participación directa de España en la operación militar de la UE UTM Mali. O el ejemplo de uno de nuestros principales clientes, Arabia Saudí, al que le vendemos varios cientos de millones en armamento y que participa en varias de las guerras regionales de Oriente Medio.


Y es que en materia de venta de armas no conocemos fronteras, ya sean físicas, éticas o de cualquier otra consideración.

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