Acogemos con satisfacción la presentación de la Proposición No de Ley (PNL) sobre emisiones militares de gases de efecto invernadero en el Congreso de los Diputados por partidos a la izquierda del PSOE. La iniciativa es un paso más de la campaña «Descarbonizar es Desmilitarizar», que comenzó hace dos años y cuyo manifiesto ahora publicamos en esta página. Este acto nos parece importante no solo por las múltiples razones para desmilirtarizar sino también porque se hace en el Congreso, sede de la «soberanía popular», ninguneada sistemáticamente por las políticas militaristas de los gobiernos, con comisiones secretas, con gasto militar opaco, oculto en otros ministerios o aprobado en Consejo de Ministros como gasto extraordinario sin ningún control parlamentario. Lamentamos que la posición expresada por Pedro Sánchez ante León XIV, en la audiencia en el Vaticano el 27,05,2026 «La paz no se construye con misiles» no se corresponda con la realidad de su gobierno que ha aumentado exponencialmente el gasto militar, que ha financiado la fabricación de armas y fomentado la compraventa de armamento. Lamentamos que ésta sea también la linea de la Unión Europea que ha olvidado su compromiso con el medio ambiente para dedicar esos recursos al rearme, cuando la justicia social y medioambiental nos deberían llevar a reducir progresivamente el gasto militar hasta su eliminación, liberando así esos ingentes recursos para el cuidado de la vida.
Animamos a participar en la rueda de prensa que, responsables de la compaña «Desmilitarizar es Descarbonizar» darán el 17 de junio a las 12 hs. ante la puerta de los leones del Congreso. Es una Campaña impulsada por El Centro Delás de Estudios por la Paz, Ecologistas en Acción y Extincion Rebelión <https://noemisionesmilitares.org/>
‘Descarbonizar Es Desmilitarizar.
Control y limitación de las emisiones militares’
MANIFIESTO
Desde hace tiempo la comunidad científica insiste en la necesidad de reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) para evitar el aumento de la temperatura media de la Tierra. Sin embargo, las diferentes Conferencias de las Partes sobre el cambio climático (COP) no han sido capaces de incluir el ámbito militar en la obligatoriedad de reducción de emisiones GEI. La información sobre (y la reducción de) las emisiones de GEI militares quedaron exentas del acuerdo de Kioto (1997). El acuerdo de París (2015) suprimió su exención, pero permite la voluntariedad de la información y deja la reducción al criterio de cada país.
Las emisiones de GEI del sector militar (fuerzas armadas e industria militar) son relevantes. No existe un registro de estas emisiones de las fuerzas armadas y la información de la industria militar es, en general, deficiente e incompleta. Sin embargo, se estima que las emisiones de GEI del sector militar, representan entre el 3,3% y el 7,0% de las emisiones mundiales, un porcentaje superior a las emisiones de la aviación comercial.
Según el Reglamento Europeo sobre el Clima, los países de la UE deben reducir las emisiones de GEI al menos en un 55% de hoy a 2030, en referencia a las emisiones en 1990, con el objetivo de la neutralidad climática en 2050. La Ley española 7/2021 de cambio climático y transición energética establece el objetivo de reducir, en 2030, las emisiones de GEI en un 23% respecto a niveles de 1990. La ley española excluye todas aquellas actividades, instalaciones, equipamiento y armamento, cuyo objetivo sea la protección de los intereses esenciales de la Defensa Nacional y de la Seguridad Pública (disposición adicional 1a).
En España se desconocen las emisiones de las Fuerzas Armadas y la información de la industria militar suele ser muy incompleta o inexistente, con alguna excepción.
Las emisiones de GEI asociadas a las fuerzas armadas y la industria militar deben contabilizarse en el total de emisiones y deben reducirse. En caso contrario, si el resto de sectores económicos alcanza la neutralidad de emisiones, ésta será incompleta ya que el sector militar seguirá emitiendo. Por otra parte, si no se informa de estas emisiones no se podrá realizar un seguimiento ni implementar medidas de reducción.
La Estrategia de Seguridad Nacional y la Directiva de Defensa Nacional de España señalan el cambio climático como fuente potencial de amenazas para la seguridad nacional, al igual que las migraciones climáticas. También señalan la creciente escasez de recursos como un peligro para la seguridad energética. Documentos de estrategia de seguridad de la UE y de la OTAN coinciden en ello y además afirman que se deben afrontar estos peligros, incluso si es necesario, militarmente.
La crisis ecológica global (climática, energética, de biodiversidad,…) es de tal gravedad que exige un cambio de modelo político y económico. Ese cambio de paradigma debe incluir forzosamente la desmilitarización global. Así, la campaña Descarbonizar Es Desmilitarizar constata la necesidad de sumarse al movimiento a favor del decrecimiento global.
Por todo ello, pedimos al Gobierno español que:
- Informe de manera rigurosa y completa de las emisiones de GEI de las Fuerzas Armadas españolas.
- Obligue a las empresas del sector de defensa y seguridad que declaren de forma segregada las emisiones de GEI correspondientes a la fabricación de armamento y de material de defensa.
- Declare las emisiones de GEI asociadas a las fuerzas armadas y a la industria armamentista en los informes que remite a los distintos organismos internacionales.
- Impulse un acuerdo entre los estados, en las próximas COP, para establecer la obligatoriedad de informar sobre (y de reducir) las emisiones de GEI del sector militar: fuerzas armadas e industria armamentista.
- Reduzca el gasto militar. Con ello, por un lado, disminuirán las emisiones GEI del sector militar y, por otro lado, se podrán destinar los recursos liberados de esta forma, a asegurar la justicia social y medioambiental.
Modelo económico actual y militarismo
El interés del mundo occidental enriquecido por apropiarse de los recursos más preciados necesita (en su modelo de desarrollo económico) de fuerzas armadas para reprimir la resistencia de las poblaciones que se oponen al expolio y empobrecimiento de sus hábitats. La explotación de las materias primas, tanto energías fósiles y minerales como de superficie (tierras de agricultura y ganadería extensiva, agua, maderas…), provoca conflictos en los territorios donde se encuentran estas materias primas. Una explotación que, por su parte, provoca deforestación y desertización, responsables también de la crisis medioambiental.
Un estudio de Vitali et altri concluye que existe un núcleo fuertemente conectado de muy pocas empresas transnacionales (principalmente instituciones financieras) que ejercen un poderoso control sobre muchas otras empresas de todo el mundo. Concretamente, un grupo de tan sólo 737 agentes económicos acumula el control del 80% de todas las empresas transnacionales del mundo. Puede hablarse, pues, de una red de poder mundial, controlada desde los países enriquecidos del Norte, que incluye y conecta los negocios militares y de energía fósil. Y que requiere una protección militar esencial para continuar con sus políticas de extracción de recursos. Estados Unidos gasta anualmente 81.000 millones de dólares en la protección militar del transporte y suministro de combustible, lo que significa un 16% del presupuesto de su Departamento de Defensa.
El poder económico siempre ha utilizado la violencia para protegerse, pero en las últimas décadas se ha acelerado. A partir del 11 de septiembre de 2011, entre los dirigentes políticos existe un amplio consenso de que cada vez necesitamos más “seguridad”. Hoy día las grandes empresas del sector armamentista no sólo venden armas, sino tecnología para una seguridad cada vez más militarizada.
Contribución del ámbito militar a la emergencia climática y medioambiental
Las fuerzas armadas son grandes consumidoras de energía y, por tanto, grandes contribuidoras a la emergencia climática. Una evaluación completa debe basarse en el ciclo completo de la vida (huella de carbono) de toda actividad militar, que incluye todas las fases del ciclo, desde la extracción de las materias primas necesarias para la fabricación de armamento y de equipamiento militar, pasando por su fabricación, su utilización y la gestión de los residuos. Esto significa que es necesario contar tanto el consumo energético de las bases militares y el consumo de combustibles fósiles de los vehículos militares terrestres, buques y aeronaves como la extracción de materias primas para la producción de armas, equipamiento militar y cadena de suministro militar. De hecho, investigaciones realizadas en el ámbito militar de la UE y del Reino Unido demuestran que son la fabricación de armamento y las cadenas de abastecimiento las que representan la mayoría de las emisiones militares.
Por otra parte, se estima que los terrenos de entrenamiento y fincas militares representan entre el 1 y el 6% de la superficie terrestre. Los campos de tiro en terreno militar pueden incrementar el riesgo de incendios, que son una fuente importante de emisiones y disminuyen la capacidad de la vegetación y del suelo de almacenar carbono. Los ejercicios de entrenamiento y maniobras militares por sí solos ya generan importantes emisiones GEI y degradación del suelo. También el mantenimiento de las bases militares daña a los ecosistemas.
Las fuerzas armadas generan residuos, como municiones, que, por lo general, se destruyen por detonación o quema. Esta práctica contamina la tierra, genera productos nocivos y emite GEI. Todavía existen ejércitos donde la gestión de residuos se hace en pozos abiertos donde se queman los desechos. También se hunden en el océano barcos de guerra obsoletos. Por otra parte, se han detectado productos químicos muy contaminantes y tóxicos en aguas subterráneas cercanas a bases militares.
Las actividades militares, a pesar de ser altamente contaminantes como ya se ha dicho, no han de comunicar sus emisiones GEI a Naciones Unidas. La comunicación y la reducción de las emisiones militares, en el Protocolo de Kioto de 1997, quedaron exentas por la presión de Estados Unidos. El Acuerdo de París de 2015 suprimió su exención, pero permite la voluntariedad de la información sobre emisiones militares y deja su reducción al criterio de cada país. Tampoco las empresas de armas están obligadas a informar sobre sus emisiones.
En términos generales existe muy poca información y muy poco fiable (cuando la hay) sobre las emisiones del sector de defensa (fuerzas armadas e industria militar).
Es urgente incluir el ámbito militar en los compromisos de los estados de reducir sus emisiones de GEI.
Estimaciones sobre las emisiones de GEI del sector armamentístico
El estudio de Parkinson y Cottrell de 2022 estima que la huella de carbono militar mundial es aproximadamente entre el 3,3% y el 7,0% de las emisiones globales.
Estados Unidos
Las fuerzas armadas de EE.UU. consumen más fuel y emiten más GEI que la mayoría de los países de tamaño medio. Sólo teniendo en cuenta las emisiones derivadas de la combustión de fuel-oil, el Departamento de Defensa (DoD) es el 47º mayor emisor de GEI del mundo, por delante de Bélgica o Portugal. También es el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo. Es un factor determinante que EEUU haya estado ininterrumpidamente en guerra o implicado en acciones militares desde 2001 (inicio de la guerra contra el terror).
Sumadas las emisiones de CO2 asociadas a las actividades del DoD (59 millones de toneladas de CO2e) y las asociadas a la producción de armamento (153 millones de toneladas de CO2e), según Crawford, se obtiene que la actividad militar de EE.UU. fue la responsable de la emisión de al menos 212 millones de toneladas de CO2e durante el año 2017. En cambio, el estudio El clima bajo fuego cruzado asigna a EE.UU. una huella de carbono de 140 millones de toneladas de CO2e durante el año 2021. No deben extrañarnos estas discrepancias. Insistimos en que existe muy poca información y muy poco fiable. Todos estos resultados son fruto de estimaciones y aproximaciones.
Unión Europea
En la UE no existen objetivos generales de reducción de GEI que incorporen las emisiones del ejército. En el informe Under the Radar se han estimado, de forma aproximada, las emisiones de GEI producidas por el sector militar en la UE. Así, la huella de carbono, para 2019, de todo el sector militar en la UE-27 es de más de 24 millones de toneladas de CO2e. Esto equivale a las emisiones de CO2 anuales de unos 14 millones de coches medios. O bien a las emisiones anuales de estados como Croacia, Eslovenia o Lituania. El estudio subraya las deficiencias en la información que proporcionan los Estados miembros sobre sus emisiones militares. Y concluye que el European Green Deal ha ignorado “total y deliberadamente” todo lo que se debe hacer con el impacto climático de la militarización.
La UE reconoce la necesidad de que las operaciones militares lideradas por la UE aborden adecuadamente la protección medioambiental. Sin embargo, también dice que la necesidad militar puede justificar la cancelación de los estándares de protección medioambiental y que los imperativos de las operaciones militares habitualmente tendrán prioridad.
Por lo que respecta a la eficiencia energética, los edificios que pertenecen a las fuerzas armadas no están obligados a cumplir los mínimos requisitos de actuación energética. Estos requisitos sólo se exigirán si su aplicación no entorpece el objetivo y las actividades de las fuerzas armadas.
Reino Unido
Siguiendo el criterio de la huella de carbono, las emisiones del sector militar de Reino Unido fueron de unos 11 millones de toneladas de CO2e durante el año fiscal 2017-2018.
OTAN
La huella de carbono militar total de la OTAN pasó de 196 millones de toneladas de CO2e en 2021 a 226 millones de toneladas de CO2e en 2023 (según el estudio El clima bajo fuego cruzado), 30 millones de toneladas adicionales en sólo dos años: equivalente a añadir más de 8 millones de coches a la carretera. Si las fuerzas armadas de la OTAN fueran un país, se situaría como el 40 generador de contaminación por carbono, superando en el ranking a los Países Bajos. Uno de los factores clave de este incremento del gasto militar global es el objetivo de que todos los socios de la OTAN destinen al menos el 2% de su PIB al ámbito militar.
Si todos los miembros de la OTAN cumpliesen este objetivo de gasto militar del 2% del PIB entre 2021 y 2028, su huella militar conjunta sería de 2.000 millones de toneladas de CO2e, superior a las emisiones anuales de GEI de Rusia. Y durante estos años la OTAN gastaría un total estimado de 2,57 millones de millones de dólares, suficiente para pagar los costes de adaptación climática de todos los países de renta baja y media durante estos siete años, según el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP).
El 56% del gasto militar mundial procede de los miembros de la OTAN. Teniendo esto en cuenta y que sus estados miembros alojan a buena parte de la industria de defensa mundial, podemos afirmar que la Alianza Atlántica es el mayor emisor militar de GEI del mundo. Y sin embargo, la OTAN no incorpora ningún objetivo de reducción de emisiones GEI ni ninguna actuación medioambiental.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) propone una reducción del 55% de las emisiones de GEI, de aquí a 2030, para evitar un aumento de la temperatura por encima de 1,5 °C. Ninguno de los miembros de la OTAN se ha comprometido a reducir este 55% en el ámbito militar. El objetivo del 2% de la OTAN dificultará la reducción propuesta por el IPCC al incrementar las emisiones de GEI de origen militar y desviar fondos de la acción climática.
Estado español
El sector industrial militar español también es un gran emisor de GEI. Se estima que en 2023 sus emisiones fueron de 5,14 millones de tCO2e (según el estudio Malos humos militares. La huella de carbono el sector militar en España, del Centre Delàs), equivalentes a 3 millones de automóviles.
Militarización como respuesta a la crisis medioambiental y energética
Los documentos de las Estrategias de Seguridad de la OTAN, de la UE y de España fijan cuáles son los intereses de los países miembros y exponen las políticas a seguir respecto a la escasez de las energías fósiles, que representa una amenaza a su seguridad energética. El petróleo, el gas, el carbón, el uranio y los materiales críticos se han convertido en un objetivo para la seguridad nacional y, especialmente, para los países del mundo occidental, al ser muy dependientes de estas energías. No se descartan las intervenciones militares para garantizar su seguridad energética.
La explotación de recursos ha generado al menos el 40% de los conflictos del mundo.
Unión Europea
En la Estrategia Global y de Seguridad de la UE de 2008 ya se mencionaba el cambio climático como la causa de futuras catástrofes naturales y sequías que afectarían sobre todo a los países empobrecidos y que serían el detonante de desórdenes, inestabilidad política y conflictos sociales que, a su vez, provocarían grandes migraciones, fuente de más conflictos. La UE señala como elemento indispensable para la seguridad el acceso a la energía. La interrupción, por parte de terceros, del suministro de recursos imprescindibles puede considerarse una amenaza y puede ser susceptible de una respuesta militar.
OTAN
En la cumbre de la OTAN de junio de 2022 se aprobó el nuevo Concepto Estratégico, que relaciona las amenazas a las que la Alianza deberá hacer frente. Se incluyen las cuestiones demográficas que, agravadas por el cambio climático, pandemias e inseguridad alimentaria, pueden ser el origen de conflictos que pueden desembocar en migraciones irregulares. Se señalan así las migraciones como una amenaza para la seguridad de los países de la OTAN. También los ataques cibernéticos y las operaciones hostiles (guerras híbridas) contra infraestructuras críticas y cadenas de suministro que afecten a la seguridad energética, podrían equipararse a un ataque armado y desencadenar una respuesta armada de los miembros de la OTAN.
Estado español
En la Estrategia de Seguridad Nacional de 2021, se enumeran como potenciales factores de posibles conflictos el cambio climático, la seguridad energética, los ciberataques, las guerras híbridas, los ataques a estructuras críticas y la inestabilidad económica. La actual Directiva de Defensa Nacional de 2020 también califica los mismos conceptos de amenazas. En definitiva, lo mismo que dicen la UE y la OTAN.
En resumen, Occidente está dispuesto a salvaguardar su sistema de vida, pese a ser el causante de la crisis medioambiental y energética, reforzando sus capacidades militares para asegurarse las materias primas, tanto combustibles fósiles como los minerales necesarios para las energías renovables. Unas capacidades militares que además agravan la crisis, al no tener limitadas ni controladas sus emisiones.
Guerras y medio ambiente
Las guerras, además de causar muertes, destrucción y miseria, perjudican a los hábitats y la biodiversidad, con efectos que perduran en el tiempo. Las bombas y proyectiles liberan gases tóxicos, sustancias químicas y metales pesados que contaminan el aire, el suelo y los acuíferos; los tanques aplastan la vegetación y estropean el suelo; los explosivos pueden también generar incendios, etc.
La destrucción originada por las guerras calienta el planeta. Y la reconstrucción post-bélica contribuye también, por su parte, al calentamiento.
En ocasiones, la destrucción del entorno forma parte de la estrategia militar. En la guerra de Vietnam, EEUU roció la selva con productos químicos para evitar que sirviera de protección a los vietnamitas.
Una contaminación ambiental relacionada con el armamento es la radioactiva. Durante décadas, los estados posesores de armas nucleares han realizado pruebas con este armamento, con la consiguiente contaminación radioactiva. Muchos accidentes con armas nucleares también han provocado diseminación radioactiva. Otro origen militar de este tipo de contaminación es el uso de uranio empobrecido en proyectiles de artillería, que al impactar esparcen el material radiactivo.
Algunas reflexiones al respecto
Quienes detentan el poder vienen insistiendo desde hace tiempo en supuestos peligros y amenazas y han logrado infundir temor en la ciudadanía del Norte global. Ese temor posibilita la aceptación de medidas de mayor control social y de recortes de derechos civiles. Debemos rechazar ese discurso oficial “securitario” y militarista. La seguridad humana significa sanidad, educación, vivienda y una vida digna para todos y todo ello no lo proporcionan ni las armas ni los ejércitos. Por otro lado, el gasto militar detrae recursos para esos objetivos sociales.
La crisis ecológica global es de tal gravedad que exige un cambio de modelo político y económico. Ese cambio de paradigma debe conducir al decrecimiento en el Norte Global y ha de incluir forzosamente una desmilitarización global. En el proceso hacia la desmilitarización un primer paso ha de ser la reducción del gasto militar en España y en el mundo.
Hemos de saber transmitir el vínculo entre ecologismo y antimilitarismo. Eso nos permitirá ampliar y afianzar alianzas con otros colectivos. La militarización está estrechamente ligada a la extracción y espolio de recursos, a las anexiones territoriales, a la protección de las actividades de las empresas transnacionales, todo ello fruto de la ambición sin límites de unos pocos, en perjuicio de la inmensa mayoría de la población. El extractivismo, las guerras de anexión, la explotación de recursos requieren el apoyo militar y tienen impactos ambientales muchas veces irreparables. En esa explotación de recursos se debe incluir aquellos que son imprescindibles, como los materiales críticos, para la industria de defensa.
Objetivos de la campaña
- Visibilizar la necesidad de reducir el gasto militar.
- Dar a conocer el impacto del sector de la defensa en la crisis ecológica y construir un argumentario ecopacifista
- Exigir transparencia sobre el impacto ambiental del sector militar (fuerzas armadas e industria militar).
- Impulsar la movilización a través de la acción directa no violenta.
- Tejer alianzas y construir resistencias colectivas contra el militarismo y la crisis ecológica.

Bibliografía
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Stuart Parkinson and Linsey Cottrell; Estimating the Military’s Global Greenhouse Gas Emissions. Scientists for Global Responsibility and Conflict and Environment Observatory, November 2022. https://ceobs.org/estimating-the-militarys-global-greenhouse-gas-emissions/
Takayuki Mizuno, Shohei Doi and Shuhei Kurizaki (2020), “The power of corporate control in the global ownership network”, Waseda University, Tokyo, PLOS ONE 15 (8). https://doi.org/10.1371/journal.pone.0237862
Xavier Bohigas, Pere Brunet, Teresa de Fortuny, Anna Montull Garcia y Pere Ortega; Transnacionales, belicismo y emergencia climática. Informe 55 del Centre Delàs; octubre 2022. https://centredelas.org/publicacions/bellicismeiemergenciaclimatica/
«Las fuerzas militares de los Estados Unidos dejan una huella de carbono inmensa. Al igual que las cadenas de suministro empresariales, utilizan una amplia red mundial de buques portacontenedores, camiones y aviones de carga para abastecer sus operaciones de todo lo necesario, desde bombas hasta ayuda humanitaria e hidrocarburos. Nuestro nuevo estudio calculó la contribución de esta descomunal infraestructura al cambio climático.«
«Las operaciones militares contaminan los ecosistemas terrestres y acuáticos con sustancias tóxicas o materiales peligrosos, consumen ingentes cantidades de combustibles fósiles en aviones, barcos y vehículos terrestres y son responsables de la deforestación y de la pérdida de biodiversidad. Las minas y bombas sin estallar inhabilitan las tierras para usos agropecuarios y permanecen como peligros permanentes para la población. La producción, el almacenamiento, el transporte y la eliminación de armas biológicas, químicas y nucleares son potenciales factores de agresiones medioambientales.»
«Las cinco principales empresas de la industria militar española generaron 694.000 toneladas de CO2, según el Centre Delás. El ranking de las empresas más contaminantes lo encabeza Indra, una de las mayores fabricantes de componentes electrónicos para la fabricación de armamento, con 92.878 toneladas de CO2. Airbus, con 48.970 toneladas de CO2 o la empresa pública Navantia, con 13.723, son otras de las compañías de la economía militar que más gases de efecto invernadero (GEI) aportan a la atmósfera.«
«Los ejércitos, incluso sin contar los impactos que se desatan directamente en las guerras, representan el 5,5% de las emisiones globales, según un informe de 2022. Es el equivalente a lo que emite toda la industria a nivel mundial, y más del doble de lo que contamina la aviación comercial. O dicho de otra manera, si los ejércitos «fueran un solo país, serían el cuarto mayor emisor del mundo, por delante de Rusia», explica a RTVE.es Stuart Parkinson, director de la organización científica Scientists for Global Responsibility y coautor de dicho informe.«


