Para un Posicionamiento Antimilitarista ante las Elecciones Generales 29-N 2026

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El 15 de mayo de 2026 se hizo público el manifiesto Otra Paz es Posible, impulsado por personas y colectivos comprometidos con las luchas antimilitaristas del pasado y el presente. Más de 400 personas y 60 colectivos firmaron este manifiesto por la paz, la desmilitarización y la desobediencia. El 29 de septiembre hubo una reunión telemática de firmantes en la que participaron unas 90 personas y en las que se proponen reuniones locales. En la Comunidad de Madrid tendremos un encuentro presencial y abierto el próximo miércoles 21 de octubre a las 18,30 en La Imprenta, C/ Monteleón 5, de Madrid al que están invitadas todas las personas firmantes del manifiesto y todas aquellas que estén básicamente de acuerdo con él. Además de conocernos y reconocernos, de ver fuerzas y posibilidades de acción, se plantea para su debate y mejora este documento que presentamos y que serviría de posicionamiento, marcando criterios ante el nuevo ciclo electoral. El auge del militarismo, que nos está robando los recursos y el futuro en nombre de la paz, bien merece una reflexión y el paso a la acción. ¡Otra Paz es Posible!

La llamada electoral coincide con un nuevo ciclo de protesta en el que convergen  múltiples luchas, aspiraciones de justicia y apuestas de conquista de derechos  tradicionalmente denegados en beneficio de un statu quo que defiende a las clases  poderosas y parásitas. La apuesta por una paz que impugne el orden de preparación y reproducción de la guerra, el rearme y militarización al servicio de intereses de un  capitalismo depredador y violento, también quiere contribuir al urgente cambio global en  favor de la vida, los cuidados y derechos y la seguridad humana y ecosocial. 

Denunciamos la incongruente apuesta por la paz armada que se nos ha ofrecido como  horizonte político hasta ahora, aprobando desde el gobierno un gasto militar creciente, timoratas sanciones a Israel, o políticas de militarización y rearme. Es necesario decirlo:  las propuestas de paz apuntadas en anteriores contiendas desde las izquierdas han sido  residuales, voluntaristas y decorativas. Aunque proclaman un rechazo legítimo a la guerra y se han agarrado a las banderas clásicas del pacifista del pasado (no a la OTAN y a las bases  americanas, desarme, mediación en conflictos y cooperación al desarrollo), no se han  apartado ni de la lógica de la guerra, ni del modelo de defensa militar que afirman el  paradigma militarista, la política de injerencia militar y bloques o el armamentismo, presentado como garantía de seguridad.

No basta con invocar la paz mientras se mantienen intactas las estructuras que organizan la preparación para la guerra. Ni con pedir moderación en el gasto militar si se acepta su lógica como inevitable; ni defender la diplomacia mientras se participa en alianzas que subordinan la política a la disuasión armada. Tampoco con proponer medidas efectistas, sin un horizonte común de paz estructural, ni un proceso que las haga posibles. La paz no debe ser un apéndice testimonial en los programas electorales, sino una apuesta creíble de acompañamiento a la construcción de una alternativa política, social e institucional. 

¿No hay alternativa o no hay ambición para pensarla y desarrollarla? Una propuesta de  paz creíble debe afirmar ciertos contenidos mínimos: 

1 – Debe impugnar el orden de guerra y defensa vigentes y acompañar la apuesta insumisa y la dinámica social de desmontaje de los ejércitos y del militarismo. 

2.– Debe revertir el rearme, impulsar políticas de desmilitarización y abrir un ciclo de transarme profundo que garantice la transferencia progresiva de recursos, capacidades y legitimidad desde el militarismo hacia formas de seguridad humana y ecológica, cooperación y defensa popular noviolenta. No hablamos renunciar a la protección de la  población sino de preguntarnos qué amenazas la ponen realmente en riesgo y qué respuestas las previenen, porque si queremos paz, debemos construir estructuras de paz, no seguir gestionando la preparación de la guerra. 

3.- Debe promover la desmilitarización de las estructuras de defensa, las instituciones,  la economía, la acción internacional, la cultura, la convivencia y nuestro vínculo con la  naturaleza, impulsando la justicia ecosocial, la paz estructural, el empoderamiento social  en la defensa de los bienes comunes y el ejercicio de prácticas coherentes para ello. 

4.- Debe acoger un proceso de transarme, que deberá basarse, al menos, en estos ejes:

– Resistirse a la guerra: Debe desvincularse de su preparación y desmantelar las alianzas militares que perpetúan la lógica militarista y la amenaza armada, dejar  de enviar tropas a conflictos, repatriar a las que ya están en 18 de ellos e impulsar la resistencia social a la guerra y a las articulaciones que la desarrollan. 

– Desactivar la economía de guerra: prohibir la investigación militar y el comercio  de armas, revertir el rearme y el gasto militar hasta su eliminación, desmantelar o convertir la industria militar en producción socialmente útil y desinvertir en  militarismo. 

– Liderar una arquitectura internacional de paz, con protagonismo de los  pueblos, los movimientos sociales y las organizaciones civiles, y con instrumentos  de mediación, cooperación, apoyo a las redes de lucha contra la guerra y abordaje noviolento de conflictos. 

– Sustituir la seguridad militar por la seguridad humana y ecológica, desmantelando las estructuras militares y construyendo políticas públicas que  protejan las vidas, los derechos, los bienes comunes y los ecosistemas frente a la violencia estructural y las lógicas depredadoras y de dominación capitalista.

– Redimensionar, desmilitarizar, desmantelar o reconvertir los ejércitos y las estructuras de defensa, de control social y securitarias, transfiriendo sucesivamente sus recursos y capacidades a fines socialmente útiles y a políticas que prevengan las causas de la inseguridad ecosocial del planeta. 

– Democratizar la defensa, trasladando competencias y recursos a la sociedad y sus articulaciones de cambio, para su ejercicio horizontal, transparente y sometido a control democrático de la agencia de la paz y de la defensa. 

– Desmilitarizar la sociedad, la educación y la cultura, cuestionando la  normalización de la violencia y promoviendo una educación para la paz, la  cooperación, modos alternativos de vida y la resolución creativa de los conflictos.

– Involucrar activamente a la sociedad en un modelo alternativo de defensa  social (DPNV), mediante capacidades colectivas de resistencia civil, organización  comunitaria, ayuda mutua, y facilitando nuevas prácticas colaborativas y de tutela y conquista de derechos. 

– Establecer salvaguardas legales e institucionales que impidan la vuelta al rearme y hagan irreversible, democrático y socialmente verificable un proceso dinámico de transarme encaminado a la superación del militarismo.

– Construir una estructura estable de defensa social (DPNV) con formación  coordinación y participación ciudadana, capaz de proteger a la sociedad, sus derechos y conquistas sociales sin reproducir la lógica militar.