Actualidad de la Noviolencia

Eficacia política de la protesta pacífica. También en Rusia

Toda guerra es un fracaso como humanidad y produce un sufrimiento inmenso. En ellas podemos ver lo peor de políticos, militares, periodistas…pero también lo mejor de millones de ciudadanos. Es de destacar, por su importancia, la oposición interna a la guerra en Ucrania. Actores, periodistas, personalidades de la vida pública, empresarios y millones de ciudadanos en distintas ciudades de Rusia se han manifestado de una forma u otra contra la guerra, a pesar de vivir en un régimen autoritario y que saben que van a ser represaliados por su posicionamiento. Miles de manifestantes ha sido detenidos, con acusaciones como socavar los fundamentos del orden constitucional de la Federación Rusa, o acusándoles de infracciones que pueden acarrear arrestos, elevadas multas, pérdidas del trabajo e incluso movilización obligatoria en el ejército, en caso de universitarios. Como en otras acciones de denuncia y resistencia, se persigue a personas que llevan ropa, accesorios, globos o flores con los colores amarillo y azul de la bandera ucraniana, persiguiéndose también las inocentes frases de «no a la guerra» y símbolos pacifistas.

Las protestas se han extendido por todo el mundo y, aunque en la mayoría de los casos en occidente, gobiernos y políticos cierran filas en torno a los postulados de la OTAN, partidarios de echar más leña al fuego para acabar con el incendio, es también la ocasión de escuchar voces críticas y planteamientos antimilitaristas bien fundamentados. Son de destacar los innumerables manifiestos contra la guerra que se han publicado en España por parte de asociaciones y colectivos, lo que da cuenta de que ha habido una buena reflexión, que dará sus frutos. La guerra en Ucrania nos ha ayudado a visibilizar y denunciar otras guerras menos mediáticas pero no menos mortíferas, como la de Yemen, Somalia, Palestina o el Sahara Occidental, y a desenmascarar a políticos que se indignan con unas agresiones pero son condescendientes con otras. Son significativas, aunque pronto para conocer y evaluar, imágenes que nos llegan de Ucrania de manifestantes pacíficos que detienen un convoy militar ruso. poniéndose delante. Ciertamente no pararán la guerra, porque ningún gobierno nos enseña a resistir pacíficamente, posiblemente porque, una vez que aprendes a defenderte, estás en condiciones de defenderte de cualquier gobierno; pero sí nos permite soñar y pensar que no hay razones para repartir costosos y mortales kalashnikov, cuando manos desarmadas podrían parar la guerra, ayudadas por miles de otras formas de resistencia y no-colaboración, desobediencia civil o desarrollando estructuras alternativas.

De entre las 7.000 personas que ha sido detenidas, tanto en San Petersbusgo, Novosibirsk ,Ekaterimburgo, o Moscú, es de alto valor simbólico y político la detención de Yelena Osipova, de 80 años, superviviente del Cerco de Leningrado, activista de San Petersburgo, detenida por los antidisturbios mientras portaba dos carteles protestando en favor de la paz en Ucrania y contra las armas nucleares.

Frente al Movimiento de Desobediencia Civil, el ejército golpista birmano no consigue controlar el territorio.

Un año después del golpe militar birmano, con más de 1.500 asesinatos y 11.800 detenciones, con 800.000 desplazados internos (ACNUR), 1 millón de refugiados en Bangladesch, 3 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria básica, y el hundimiento de la economía, al ejército, » que ha declarado la guerra a su propia población» (D.S. Mathieson), no consigue controlar el territorio.

La representante de la ONU, S. Burgener, recomienda a la comunidad internacional no reconocer al gobierno militar porque el ejército es la causa principal de la inestabilidad y violencia. La intervención internacional es poco más que simbólica, con algunas sanciones económicas y propuestas de limitación de venta de armas. La ONU denuncia que China, Rusia y Servia suministran armas a la Junta Militar. Ésta proclama que Rusia es necesaria para la paz mundial y justifica la invasión de Ucrania. Centrado en la pandemia y en la guerra de Ucrania el Norte Global, los birmanos saben que están solos.

La resistencia popular de la sociedad civil continúa. Ya no hay grandes manifestaciones, muy reprimida, pero continúan los saltos rápidos en todo el país. Médicos, maestros y otros funcionarios se han adherido al Movimiento de Desobediencia Civil y se niegan a trabajar para la Junta militar. Se boicotean los productos de las empresas propiedad del ejército, aunque son más baratos. Nueva huelga general en el aniversario del golpe. El movimiento civil plantea la no-cooperación, y pide a la gente que no salga de casa, que no abra los comercios, vaciar las calles. El Gobierno de Unidad Nacional en la sombra centra la labor de oposición y resistencia.

El ejército, con una moral baja, y unos 4.000 desertores, tiene problemas para reclutar personal, y un rechazo por parte de la mayoría de la población. La fuerte resistencia no le permite lograr el control del país, que es su máxima prioridad. con lo que incrementa la represión, temiendo ya su caída y las acusaciones de la justicia civil. A esto hay que añadir la reorganización de milicias y guerrillas étnicas, preexistentes en general, hostiles a la Junta Militar, pero también al Gobierno de Unidad Nacional.

Alternativas de Defensa Civil no armada, que apuntan modos humanos de resolver las conflictos, deben ser conocidos y potenciados.

Protesta noviolenta lícita, legítima y eficaz contra el BBVA y la banca armada.

Ante tanta guerra y violencia, una sentencia de 31 de enero nos da una alegría a la lucha contra la ley mordaza, a la lucha antimilitarista y a la desobediencia civil. Koldobi Velasco había sido sancionada con una multa de 602 € por «falta grave de desobediencia a los agentes de la policía», en una Acción Directa Noviolenta frente al palacio Euskaldún de Bilbao donde se celebraba la junta de accionistas del BBVA, denunciando la complicidad del banco con la financiación y fabricación de armas, y en definitiva, con las guerras. La acción consistió en echarse pintura roja sobre el cuerpo y tirarse al suelo simulando el escenario que dejan las guerras. las manifestantes fueron arrastradas del lugar por la policía ante la negativa de hecho a tasladarse por su propia cuenta. La magistrada no sólo falla en favor de la acusada sino que condena a pagar las costas al Departamento de Seguridad Vasco. La sentencia deja de manifiesto el abuso y la mentira policial y considera que «como ejercicio del derecho a la libertad de expresión, la protesta fue lícita, legítima y eficaz, gracias en parte a la intervención policial». La sentencia tiene especial interés también al señalar que no es punible una acción directa noviolenta que no impida la circulación y no altere el orden público, aspectos a tener muy en cuenta al planificar la acción para saber hasta dónde se quiere llegar. Muy importante, no hay que olvidarse de grabar la acción; en este caso fue fundamental como prueba.

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Foto (STRINGER/ Reuter, Tomada de La Vanguardia.

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